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6 de febrero de 2008

la etiqueta delatora

Ayer me compré una falda color hueso. Como es media transparentona, la compré con la idea de comprar otra cosa para que no se transaprente (fustán suena a vieja, perdón). Lo chistoso es que la falda de por sí ya tiene forro. Pero grande fue mi sorpresa al llegar a mi casa y leer la etiqueta. Coincidencia?

Perdón, pero yo no quiero revelar mi interior. Una falda puede darle una perspectiva nueva a tu vida? Recién me entero, cuando me la ponga, les diré.

Sorry por reinaugurar el blog con sonseras... hello 2008.

12 de octubre de 2007

El hermano menor de la prensa escrita: pinceladas de la realidad del canillita piurano

En mi curso Taller de Lectura II se nos pidió hacer una crónica de cualquier realidad que encontremos en las calles de Piura durante la madrugada. El mismo día de la entrega del trabajo, a las 5 de la mañana, salí a las calles acompañada de Pato -quien me acompañó ad honorem: quería ver cómo era y de paso cuidarme, jejeje- y de nuestra ejemplar guía ante quien también estoy agradecida, Doris Céspedes. Aquí les tengo lo que vimos. En letras rojas les añando las 'yapas' que no incluí en el trabajo. Querido lector: ahora veo los quioscos de periódico con otra mirada. No te hagas, que en Lima es igual.

***

El día anterior, tras convencerme que ir al mercado de madrugada significaba exponerme a muchos peligros ("nos pueden matar, señorita"), quedamos en ir a ver a los canillitas. Doris vendría por mí y por Pato a las 4:30 am. Como Doris no encontró carro, llegó 5:10am. Hacía un frío de la patada. De mi casa caminamos hasta el centro, que son como cuatro o cinco cuadras, no sé. No había un alma en la calle: éramos las dueñas de la pista, caminámabos en medio de ellas mientras Doris nos cuenta sus entrañables experiencias. El cielo, azul oscuro, anuncia que a la noche le quedan sesenta minutos de vida. El letrero de un casino y unos cuántos postes de luz delatan lo poco que se ve en la calle: dos o tres peatones que pasean sin rumbo con las manos en los bolsillos, otros que intentan dormir al amparo de las puertas de las boticas -tapados con unos trapos, inmóviles...-, una que otra mototaxi vacía que patrulla lentamente las estrechas calles del centro piurano. Son las 5 de la mañana y la avenida Grau está en su quinto sueño; los únicos sobrevivientes lúcidos, los canillitas.

“En Piura hay como quinientos canillitas, pero sindicados sólo hay poco más de cien” denuncia Doris Céspedes, canillita desde hace más de treinta años, y nuestra guía en el mundo de dicha labor. Lleva consigo un bolso de rafia azul con rayas rojas y blancas. Adentro, un fajo grueso de ejemplares de El Comercio. Son los periódicos del día anterior que no vendió. “Si no regresas los de ayer, ya no te dan los de hoy” sentencia, resumiendo el diario teje y maneje del canillita promedio mientras nos lleva a los puntos de distribución de periódicos más importantes de Piura.

Desde el Óvalo nos señala la esquina de la Grau con la Tacna: la botica Inka Farma, (ya entendí xq me pusieron 16: no es la Tacna, ES LA CUSCO x_X;;;)la única que atiende toda la noche. A medida que nos acercamos, distinguimos unas personas sentadas en la vereda, rodeando toda la esquina de la botica. “Vas a ver gente de todas las sangres acá: Vicús, Chimú…”, advierte Doris -esta frase dejó pensando a Pato, estudiante de Historia con una extraordinaria sensibilidad ante el indígena; me la pensé dos veces en ponerla, pero esta es la realidad, no hay otra-. Dos mototaxis flanquean a los canillas instalados en plena calle, con periódicos arrumados por toda la vereda. Ésta es la sede de los distribuidores de diarios: la calle. El ojo inexperto pensaría que son trabajadores informales. En serio: tirados en la vereda, como si fuesen ambulantes o vendedores informales o de merca ilegal, van armando todititios los periódicos. El otro día me vendieron un Comercio incompleto.

Apoyado en las rejas de la botica está el encargado del distribuidor con un cuaderno en la mano. A sus pies, dos cajas pequeñas. “Desde las tres de la mañana están acá” comenta con voz de orden. A su lado, los canillas compaginan las hojas de los diarios. En una sola ruma encuentras páginas de El Tiempo y La Hora. Arman el periódico con destreza, casi sin mirar: unos conversan en voz baja, otros nos saludan con un “buenos días” -aún era de noche-. La gran mayoría ya estaba grande para el apelativo canillita: muchos pasaban el umbral de los treinta años, salvo un niño que no llegaba ni a los diez. Él no compaginaba: se llevaba los periódicos a repartirlos. No me quería ni ver, se fue corriendo vete tú a saber a dónde.

Para el lado de la Tacna, con menos luz, arma sus periódicos el secretario general del Sindicato -hasta ahora lamento no haber apuntado su nombre-. Nos cuenta el lado duro de la labor de canillita, profesión que sigue hace poco más de veinte años: “No se puede trabajar en la calle. Aquí nos asaltan. Esto debería de hacerse en un local, protegido; así uno paga tranquilo”. Según lo que yo entendí -vamos, estoy en primer año de universidad...-, el discurso del secretario fue una queja -fundamentada- ante los periódicos y sus imprentas por el poco o ningún interés que ponen por el gremio canilla, sin caer en la cuenta que son su brazo derecho -o los dos brazos, piernas, dedos, ojos, boca- en ventas. Ésta situación da nombre a este relato. Pone de ejemplo al hombre que tiene al lado, quien se halla sentado sobre una ruma de La República ya compaginados. “A él lo asaltaron; le quitaron todo”. Doris da un poco de su cosecha: “¿Te acuerdas? El día de mi cumpleaños se llevaron todos mis periódicos”. Acto seguido, llega una señora a vender desayuno.

La siguiente parada es otro distribuidor, en una puerta en la avenida Tacna, al otro lado de la Grau. Esta vez, el pago y distribución del periódico caliente es al amparo de cuatro paredes, pero la compaginación sigue siendo en la vía pública. Había que subir unos escalones empinados y cortos para entrar al localcillo del distribuidor. Al final de un pasadizo de tierra apisonada, una ventanilla. La ventanilla está rodeada inútilmente por una reja; desde ahí se pueden ver rumas del diario Trome. Doris aprovecha para pagar y dejar los periódicos que no vendió. Afuera del local, algunos canillas ya han acabado de compaginar y esperan que llegue el diario Correo. Un muchacho duerme. Creo que era el canilla mas jóven que vi esa madrugada... todos los demás acechaban peligrosamente los 40 años (no he dicho que sean viejos, ojo!).

La República dedica su portada a Majaz; Trome, al mundo del espectáculo peruano. Doris afirma con pena que el periódico más vendido entre sus colegas es El Popular: a más morbo, más venta -qué pena que no me acuerdo del titular de El Popular de ese día; personalmente me entretiene leer los titulares de ese periódico; dicho sea de paso, tiene su versión norteña-. “Por eso yo trato de vender Comercio”. El Comercio, si llega, no tiene hora fija. “Unos días a las 7, otros a las 11, a veces a las 3, o en la noche”. Y también debe compaginarse. Asimismo, antes vendía alrededor de 120 ejemplares de Expreso. Hoy sólo vende uno, y es el de mi casa. Doris hace malabar y medio para mandárnoslo, pues ella no compra Expreso; además no le compensa irse hasta mi casa por un periódico que encima ha tenido que comprárselo a una colega suya. Después nos llega El Tiempo, que -déjenme decirles- es un desastre.

El tercer distribuidor está dentro de una playa de estacionamiento. Para subir al local (que no es otra cosa sino la caseta de cobranzas de la playa) era necesario dar más maromas que en el local anterior. Adentro, una radio pequeña amplifica huaynos. En el suelo, Tromes y los jebes con los que amarran los periódicos no dejan pasar. Un joven se soba los ojos, mientras una señora nos dice con tono amable que aún no llega Correo. Doris nos llevó aquí para que viéramos nomás: ella no tenía que comprar nada ahí. O sea, nos dio un auténtico tour. Para estas horas yo ya me quería regresar porque nos ibamos por unas calles un poco solitarias que no me hacían gracia, pero valió la pena.

El canillita, ordinariamente, trata de estar a las tres de la madrugada en el distribuidor, devolviendo el periódico del día anterior y recogiendo el nuevo. Luego de compaginar, sale a vender. Por periódico semanal se gana un poco más de 15 centavos. Lo normal es que venda 80 copias. Sentados trabajando en la calle, vulnerables a asaltos –manejan considerables sumas de dinero-, ellos mismos se quejan de ser considerados ambulantes, de que las imprentas de los diarios los tengan en nula consideración. “Somos callejeros”, concluía el secretario del Sindicato. “No digas eso, somos gente de hogar”, le recuerda su compañero, colocando los pies sobre otra ruma de La República.

“El 5 de octubre es el Día del Canillita” nos cuenta Doris. “Aún no conseguimos el local para la fiesta, pero el 4 tenemos misa”. De regreso a la Grau, pasamos por otra ventanilla, al frente de Elektra. Doris compró pocos periódicos y los compaginó al caminar. Camino al punto de venta de El Popular, el cielo se había tornado azul eléctrico y el zumbido de las mototaxis comenzaba a hacerse sentir. “Correo va a llegar a las ocho recién” oímos, mientras de lejos veíamos a los canillas de la Grau pararse e irse con prisa. Dejamos a Doris en el último distribuidor de su recorrido, mientras clareaba el cielo; y con un sonido fuerte, se apagaron las luces de la calle, forzado campus del canillita piurano.

Me fui con pena... no tenía forma de agradecerle a Doris todo lo que nos había enseñado. Desde ese día que no veo a Doris. Aún no la he saludado por el día del canillita. Un cordial saludo a todos.




6 de agosto de 2007

otro descansito: recordar es volver a vivir...

Ok, voy a dejar de escuchar La Inolvidable y Felicidad, entonces.

aunquenidos al paso

Nada, es que aprovechando los días que me quedan de libertad, como las llaman algunos, he estado desempolvando páginas web asignadas a nombre mío. Encontre mi viejo flickr y no puedo dejar de recordar un viaje que hice a un pueblecito perdido en las afuerotas cuzqueñas (además de la mismísima cuidad de Cusco). Anyway, cáiganse y muéranse: el Perú es lo máximo a pesar de los pesares.

Esta foto la tomé camino a Rondocán, que es otra historia. Las llamas (es una llama, no?) posaban ante mi humilde cámara que funciona CON ROLLOS. Jo jo jo. Un saludo a las cusqueñas, por favor.

2 de agosto de 2007

otro teclazo: recicla ese supernintendo

No puedo dejar pasar esta oportunidad para enseñarles una pequeña maravilla de la electrónica casera que ha hecho este gringo aficionado. Convirtió un control de supernintendo en un mp3.

Manos a la obra: http://www.instructables.com/id/ED40P82F4GVCSNI/?ALLSTEPS

23 de julio de 2007

harry potter and the deathly hallows


En Inglaterra y en EEUU acampaban días antes en las puertas de las librerías... en Singapur lloran... mi primo esperó hasta la medianoche en Buenos Aires para que le den la copia edición Bloomsbury cuando en verdad él quería la Scholastic -pero ya se hizo a la idea-... acá en Lima hicieron cola en SBS el viernes en la tarde... y el viernes en la tarde mi mamá sé encontró a una chica disfrazada de bruja en el stand de Crisol en la feria del libro. Entró, vió y compró: ninguna fila ni amanecida ni nada. Otras dos personas compraban también, tranquilazas. la brujita les dateó lo de SBS, y es que no sabían que Crisol -y supongo que Zeta- lo vendían también. Jo jo jo. Y yo que le mandé a mi mamá los mensajes subliminales el sábado, cuando el libro ya lo había comprado. Resultado, en la foto (ese es mi libro, porsiaca!).

5 de febrero de 2007

¿Quieres una Palm y no tienes plata?

O tienes miedo de que te la roben o te la arranchen? o que la tengas y no la uses? o no tienes ningún tío o primo que viva en los Estados Hundidos? o no sabes dónde comprarla, porque te han chismoseado que las que venden en Polvos Azules les cambian las piezas originales por unas media cherches de modo que, cuando se te malogre el aparato y lo lleves a arreglar al stan donde lo compraste, puedan venderte la original como repuesto?

Aunque este es un blog principalmente dedicado a la literatura y tecleteos en general, he decidido escribir de este pequeño descubrimiento. Además de que lo veo útil, lo que más me gusta es que es DIY (Do It Yourself) y que es de papel. Me aloca todo lo que es útiles escolares y de oficina (así es, en el Minerva de Larco me vuelvo bizca por no saber a dónde mirar y sí, Febrero y su slogan de 'de vuelta al cole' es la mejor campaña de ventas de todo el año - aunque ya haya acabado y el colegio, aún recorro las góndolas llenecitas de cuadernos en Wong, feliz de la vida) y presenta una buena oportunidad para prescindir del teclado (!) y escribir, y lo mejor (básico para mi): el orden, el poder organizarse.

En mi búsqueda por la Palm, encontré una alternativa eficaz y barata (yo soy devota del puño, comprenderán). Resulta que Getting Things Done (David Allen, Getting Things Done: The Art of Stress-Free Productivity. Penguin Books, 2001), uno de esos libros gringos de autoayuda que sólo pasan de moda cuando sale uno nuevo, plantea algo así (disculpen la falta de profesionalidad) como que organiza tu día para que no se te escape NADA de lo que se te ocurre o debes hacer. Entonces dice que te hagas una lista de cosas para hacer hoy, o para hacer algún día, o antes del fin de mes... el asunto es mucho más simple, pero inspirador para algunos lectores de este libro (que a mi propio criterio pone escrito algo que era tipo ley natural, o sea, que lo tienes en la cabeza pero nunca le has concretado una forma; un to do list, digo, todo el mundo va a Wong con una lista, no? salvo que sólo tengas que comprar pan y coca cola). Uno de estos inspirados fue Merlin Mann, creador de la Hipster PDA. Con qué se come eso?

Este señor, ávido lector de GTD, se hartó de usar su Palm (comúnmente, Palm es a PDA como Quaker es a avena; Kolynos a pasta de dientes -no sé dónde, yo no, al menos-; Gilette a hoja de afietar; Corn Flakes a hojuelas de maíz...) y se compró en amazon.com un fajo de hojas chicas de colores, un clip negro modelo mariposa y un lapicero. En resumen, materializó la tesis de GTD.

Por suspuesto que la idea de Mann, difundida en su web 43folders, nombrada así por una de las ideas plasmadas en el libro de Allen, tuvo seguidores. Mann planteaba hojas en blanco, pues la idea era sencillísima. Bueno, algunas personas pulieron su idea y crearon templates, patrones, para imprimir y usar. Destaca DIYplanner con templates bien útiles y variadísimos; desde hojas rayadas para tu listita de Wong, un calendario mensual, hasta hojas de telefono y lluvia de ideas. El mejor me parece uno para llevar tus gastos. DIYplanner da formato A4, A5 y formato 'Hipster'. Yo uso -y sugiero, por tamaño- formato A6, que no está en DIYplanner pero si sabes usar google, encuentras todo.

Yo me uní al plan y tengo el mío. No soy de las afanadas que se compraron un fajo de octavillas (tengo que aceptar que me compré un juego de clips negros) o que se imprimieron las 96 páginas de templates (escogí cuáles me serían útiles, naturalmente). Pero acepto que lo uso. Y creo que más que la agenda permanente Norma que me vi obligada a comprar ayer lunes en Crisol.

Redondeo mis sugerencias: hojas A6, templates escogidos, clip mariposa chico, un lapicero pequeño que tenga 'oreja' (así como para engancharlo al bolsillo). procura que no tenga tapa. Hay otros aventados que hasta le hicieron estuche. No sé, ya tu creatividad dará vueltas. Procura no sentarte encima de él. Feliz orden!