Mostrando las entradas con la etiqueta ensayo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta ensayo. Mostrar todas las entradas

2 de setiembre de 2007

la gringolandización del mundo according to Vicente Verdú


Otro refrito del ciclo pasado. Sólo una curiosa advertencia que podría influir totalmente sobre el ensayo "El planeta americano" del español Vicente Verdú: lo escribió allá por el año 1996 o 97, no recuerdo (léase: antes del 11-S)
Vamos al Bembos todos-

***

I. Datos generales de la obra
La obra es una ensayo –ganador del XXIV Premio Anagrama de Ensayo- acerca de la influencia de Estados Unidos sobre los demás países del mundo. El autor, Vicente Verdú, escribe este ensayo tras vivir en EEUU unos años. Verdú, conocido por ser observador, escribe y detalla lo que él ha vivido y observado, ordenándolo bajo distintos aspectos de la vida cotidiana. La obra describe por capítulos diversas costumbres características de la sociedad estadounidense, salpicado de vez en cuando de comparaciones con la sociedad europea, bien conocida por Verdú, quien es español.

El libro es interesante, pues –además de manifestar la hipótesis del autor- ayuda al lector a quitarse de encima estereotipos de la sociedad estadounidense, probablemente adquiridos de los medios de comunicación. Además, por momentos parece escrito desde Estados Unidos para el resto de personas: aparenta ser escrito para calzar en la mente del no-estadounidense.


II. Resumen general de la obra
La obra, aunque su finalidad es hacer ver la influencia indirecta que otros países reciben de EEUU, describe a lo largo de toda la obra la actitud americana ante ciertas circunstancias cotidianas: el dinero, la religión, la política, los extranjeros, los crímenes, el entretenimiento, los medios de comunicación, las extravagancias, la educación, la familia, la urbe, etc. En cada capítulo, el autor describe –en algunos puntos, las experiencias narradas son para dejar atónito al lector- alguna costumbre, en algunos casos compara con Europa, y luego hace ver al lector la presencia de lo descrito anteriormente –la costumbre americana- en otros países. En algunos casos, no llega a mencionar elementos estadounidenses en otros países: lo deja al lector cuando es ya bien evidente.

Lo que sí queda claro es el afán del autor por transmitirle al lector la clase de influencia que EEUU ejerce: no avasalla mediante armas – conquista con su propia cultura. Para Verdú, un McDonald’s es inminente presencia americana en otros países. Compara la hamburguesa con un diplomático: “actúa como signo de un sistema cultural y cada local opera como un centro de propaganda incomparablemente más eficaz que los institutos oficiales” . La influencia no es a la fuerza, es mimética.


III. Quién es el autor y qué persigue
Vicente Verdú es un periodista-escritor. Escribió esta obra tras su experiencia en tierras estadounidenses, teniendo de cerca las costumbres americanas que menciona en el libro. Español y gran observador, Verdú tiene la capacidad para poder hablar de estos temas, pues puede comparar la sociedad estadounidense con la europea, pues conoce ésta última, tanto por español como por periodista. Además de ser observador, es economista: puede entonces hablar de EEUU y su sociedad, pues por ambos flancos –social y económico- los conoce bien.

El autor, mediante el ensayo, pretende hacerle ver al lector la influencia fuerte –y a la vez distinta, comparada con otras grandes naciones que en algún momento ejercieron otra clase de influencia- que posee este diverso país ante las demás naciones del mundo. No alarma con carácter de urgencia –como fue el caso del libro antes leído, La rabia y el orgullo-, pero sí advierte que esa influencia implícita no le va bien a algunos países – incluso a algunos de los mismos habitantes de Estados Unidos.


IV. Capítulos que llamaron la atención
El capítulo El gusto por lo obsceno es el que más me ha llamado la atención. Me sorprende el gusto por lo desmesurado, grande; y sobre todo, me sorprende el por qué prefieren esos extremos y el por qué han llegado a esos gustos. No creo que desde la Independencia les haya gustado lo grande. Es que no es majestuosamente grande: es desmesuradamente grande, rayando en lo ordinario, grosero. Pero no todo se queda en tamaños. La mayoría de extravagancias o rarezas que se oyen en los medios de comunicación son en ese país. Sólo he ido a los Estados Unidos una vez en mi vida; todo lo demás que conozco es por los medios de comunicación. Aún así, yo sí sabía de los malls grandes, los carros grandes, comidas con all you can eat, pero nunca había generalizado todo para darme cuenta que a los estadounidenses les gusta todo lo masivamente grande.

Otro capítulo que me llamó la atención es El amor al miedo, pues tratan temas que ya conocía o sospechaba. Tiene un poco de relación con el capítulo El gusto por lo obsceno, pues también son temas llevados con un poco de exageración. Sorprende que a) se cuiden tanto de advertir y ser advertidos de productos cuyo consumo puede ser –lejanamente- nocivo para la salud; b) que los coman masivamente, aún así. Es bueno que los productos mencionen las reacciones contrarias que puedan tener. También es bueno tener nociones básicas de sanidad alimenticia, pero ya toca la exageración las extremas precauciones que se puedan tener: hacer miles de investigaciones para arrojar resultados relativos para luego llenar las etiquetas de riesgos remotos; organizar asociaciones para instruir de los peligros de los productos para el consumidor promedio, etc. Se sienten en peligro las 24 horas del día, y en algunos casos es como un círculo vicioso: investigan, advierten, comen, vuelven a investigar… y así sucesivamente.

19 de mayo de 2007

Oriana Fallaci y "La rabia y el orgullo" (2002)


Me duele tener que publicar sólo refritos -es decir, no he escrito nada especialmente para el blog- pero creo que amerita colgar este pequeño análisis que tuve que hacer para un curso en la universidad. Oriana Fallaci, periodista italiana fallecida a fines del 2006, conocida por su estilo tajante y sus entrevistas, era de las periodistas que no se callaban nada y buscaban la verdad. No sé si la llegó a encontrar, pero para cuando escribió el libro, le faltaba camino.

"La rabia y el orgullo" es un sermón -ella misma lo dice- que brotó de la pluma de la periodista a raíz de los atentados a las Torres Gemelas en setiembre del 2001. Hasta ese momento, ella había mantenido un voto de silencio. Autoexiliada en Nueva York, ella interrumpe este silencio, pero no es para jalarle las orejas sólo a los árabes: le jala las orejas a todos los europeos, a la par que cuenta anécdotas de su vida. No lo leas si estás en depresión, el libro es un poco amargo.

Dije que le aumentaría cosas; me pusieron como límite 3 caras a4 y yo pensé que las sobrepasaría, pero sí me alcanzo. Tengo el ojo más grande que la hoja =) Si puedo, comentaré algo más.


***

El propósito de la autora al escribir La Rabia y el Orgullo
La autora escribe el libro buscando despertar las conciencias de los occidentales. Ve en el contexto del atentado a las Torres Gemelas el momento perfecto para advertir al mundo occidental de la amenaza que constituyen los islámicos. Interrumpe su silencio en defensa radical por la cultura occidental, puesta en peligro por los islámicos que quieren imponer la suya.
La autora se dirige a los occidentales. A los europeos, de manera general; a los italianos, con más énfasis. Por esta razón, el libro empieza hablando del mundo islámico y de los estadounidenses, y termina con la política actual italiana.

Los efectos de la obra en cada uno de ustedes
Leer este libro me ha abierto un poco más a lo que es problemática internacional. Antes de leerlo, miraba con malos ojos a Estados Unidos y no veía a los islámicos como una amenaza para nuestra cultura. Ahora que lo he leído, ya conozco los lados positivos de la sociedad estadounidense y conozco más de la cultura islámica.
En la idea de que Occidente esté amenazada ferozmente por el Islam, no la niego, pero tampoco estoy plenamente convencida; es decir, sé que existe pero no me tiene preocupada. Lo tengo en cuenta como una realidad que sucede, pero realidad ajena. Esto lo puedo atribuir a una ignorancia un poco grave en lo que concierne a guerras islámicas y mentalidad árabe: si hay avance árabe en Europa, es asolapado: uno lee noticias acerca de la guerra de Irak, pero de influencia e incursión islámicas en Europa, sólo algunas columnas de opinión en medios de comunicación internacionales.
Tendría que vivir esa incursión árabe masiva para verdaderamente estar preocupada. Por otro lado, además de discreto, el proceso de ‘islamización’ es mucho más lento por su propia naturaleza. La autora misma lo dice, afirmando que ella viene avisando esto desde hace –entonces- 20 años. Además, el Islam existe desde el siglo VII, y el Corán no ha cambiado en los siglos transcurridos. La misma palabra ‘islam’ significa sumisión.
En líneas generales, creo que si me informo más, a través de otras perspectivas, puedo convencerme más de la realidad actual europea, concretamente. No miro la situación con indiferencia: ahora muestro un poco más de interés por las noticias del mundo islámico.

¿Qué parte de la obra es la que más les ha impresionado? ¿Por qué?
Lo que más me ha sorprendido es la forma en que habla del mundo islámico en todos los relatos acerca de sus viajes, sus entrevistas a líderes árabes, etc. Muestra cómo es la vida en los países teocráticos, donde la religión y el gobierno tienen una unión fuertísima. Me ha impresionado la radicalidad de las leyes y costumbres, la nulidad supina de la expresión, el pésimo trato hacia la mujer; el extremismo islámico llevado a la ley, el afán de islamizar el mundo y de eliminar cualquier manifestación de cultura ‘preislámica’, ‘condenada por el Profeta’ (episodio de la destrucción de los Budas de Bamiyán), el no justificar los medios contal de islamizarlo todo.

¿Cuál es su opinión sobre lo que escribe Oriana?
Por un lado, aprecio lo escrito pues conozco el estilo de la autora y su política de no guardarse nada: decir lo que normalmente la prensa no dice; es decir, es franca, y en temas polémicos en los que nadie se atreve a dar un paso.
Acerca de lo escrito, hace buena alusión al título: sólo algunos episodios están libres de rabia. Ella misma afirma que escribió este sermón en unas semanas intensas en las que casi no comió ni durmió. Luego de un silencio de más de 10 años, la autora descargó en esas primeras notas desordenadas todo lo que llevaba dentro. Por eso, veo en la obra esos tintes rabiosos: además del estilo propio de la autora, se había aumentado todo lo que no ha dicho en esos lustros de silencio. Creo que, por estar cargado de rabia, por momentos la lectura se torna agresiva; llega un momento en que parece exagerado o fuerte lo que está diciendo. Como si llamase la atención al lector en cada párrafo. No deja pasar nada: el libro es una mezcla de relatos desordenados de aspectos de su vida, sus entrevistas y visitas a variados lugares, pequeños sermones a sus detractores, etc. Estos relatos de su vida personal dan fundamento a lo que dice –aunque, ciertamente, el texto trasluce su forma de ser y su modo de ver las cosas-.
Coincido con varias de las ideas que afirma; pero no comparto la visión que tiene de la Iglesia. Es el único tema en donde sus afirmaciones tienen un fundamento vago, fácil de tumbarse. Esto podría atribuirse a que, al ser la autora atea, no ve a la Iglesia con los ojos de la fe; sino, con ojos humanos. Es más, es primera vez que leo de alguien que, aunque critique a la Iglesia, reconozca abiertamente méritos en Ella. Méritos vistos con los ojos humanos, pero hoy por hoy es dificilísimo encontrar a un columnista que no le ponga tintes de desdén a los temas relacionados con la Iglesia y que admire abiertamente a un papa que los demás lo califican de cualquier otra manera.
Creo que el libro cumplirá su objetivo según la dispocisión del lector: yo no vivo en Europa ni soy estadounidense, pero me ha concientizado; a menor escala, pero lo ha hecho. El lector puede aceptar que la situación Islam – Mundo Occiedental es fuerte, pero si éste reúne las características de las ‘cigarras’ que la autora cita frecuentemente, veo difícil que asuma las afirmaciones secundarias que hace la autora; es más, este no asumir podría hacer tambalear la ya adquirida convicción de la gravedad del conflicto islámico.

¿Qué repercusiones pueden tener y en qué campos?
La mayoría de repercusiones podrían ser en el ámbito de la opinión pública. Eso era lo que Fallaci buscaba: concienciar al mundo occidental en varios temas.
En el ámbito del periodismo, la lectura de este libro podría dar luces nuevas a un periodista en lo que es la manera de enfrentar su profesión. Creo que el periodista reflexivo aprendería muchas cosas de este libro, desde la total entrega de la autora a los temas en los que se metía, como la entereza de sus convicciones. Ella creía algo, ese algo lo decía y hacía. No tenía dos personalidades ni mucho menos. Sí es verdad que las creencias que tuvo en los últimos años de su vida no eran las mismas con las que empezó su trayectoria, pero dentro de eso ‘períodos’, por así decirlo, mostró total convicción. Además, ella misma, en el Prólogo, cuenta costumbres suyas aleccionadoras para el periodista actual: no escribe de tirón, sin ver las repercusiones que pueda tener, no busca lucrar con sus escritos, ni menos mentir por dinero.
Algún comentario sobre la autora
Oriana Fallaci es una persona que a lo largo de su vida ha sufrido mucho. Autodefinida como vacunada contra las guerras, La rabia y el orgullo deja traslucir una infancia tormentosa, fuera de lo común: rodeada de guerras, con un político perseguido como padre, educada para soportar cualquier cosa. La trayectoria de su carrera y, por tanto, de su vida; todas las guerras en las que ha estado presente como corresponsal, la cantidad de entrevistas variadas –y todo lo que ha hecho por conseguirlas-, y la larga lista de detractores que tiene dejan en claro que no es una periodista cualquiera. Al leer este libro compruebo con sabor amargo que está escrito así porque la vida de Oriana ha sido como ha sido: el libro trasmite la forma de ser de la autora, y podría decir ahora que la conozco. Es de opiniones muy marcadas. No se guarda absolutamente nada y no conoce medias tintas. Hasta le he visto vetas de radicalidad: no soporta ver a los islámicos y eso le ha costado duras críticas. Algo admirable es cómo soportó todos esos años de silencio; la entereza de sus convicciones.

12 de marzo de 2007

Ideales para un Perú mejor

Continuando con la colección de refritos escolares, encontré esta oratoria que tuve que hacer por allá en el 2005 cuando estaba en 4to de media. Este es, naturalmente, el papel escrito; es decir, cuando lo declamé, por asi decirlo, no dije exactamente todo al pie de la letra de lo que les pongo aquí, pues no valía usar papel; ay, pero a mi me brotó natural nomás (qué cosas habré dicho que no gané porque era too much para decirlo frente al cole o algo asi; en fin, no me hice bolas)
Como les repito, I'm not in a writing mood or whatever -- no hablo inglés hace un cachupin de años.


Trata de levantarle la moral a los peruanos. El pisco es peruano! (considerar por favor que ésto data del 2005).


***

¿Alguna vez te ha pasado, cuando estás viendo televisión y vas saltando de canal en canal, q pasas por uno y vez una toma de Machu Picchu o del Señor de Sipán? Tenemos que admitir que aunque sea nos quedamos mirando un rato, y nos alegra la idea que el Perú salga en la televisión. Nos gusta que el Perú esté en la mira del mundo, aun así salga en los noticieros internacionales malas noticias nuestras.

Tal vez alguna vez hemos oído esa frase de Antonio Raimondi que dice "el Perú es como un mendigo sentado en un banco de oro". Todas conocemos y no dudamos que el Perú es un banco de oro. Pero, ¿y su gente? ¿No necesita un cambio? Tal ves nunca cambiemos al mendigo, pero si podemos educarlo. Abrirle los ojos y hacerle ver que su banco es de oro y no de plástico. Por eso, todas sabemos que el Perú, como todo país, necesita un cambio.

No estoy acá a hacer un recuento de las cosas malas que haya en el Perú. Tal vez enumere algunas buenas, pero yo estoy acá para hacerles ver que el cambio saldrá con esfuerzo, y no con el esfuerzo de un grupo de personas, sino de todos los peruanos, tú incluida, quieras o no. El peso de cambiar al Perú no está en el Congreso. El Perú no se arreglará en julio del 2006. Es duro, pero el cambio está en nosotras, quieran o no, y será a largo plazo, con esfuerzo y dedicación; costará trabajo y trabajo no reconocido.

Ese cambio no empieza desde abajo. No empieza con una campaña política. Tal vez con un buen presidente, pero lo que hay que resaltar es que el cambio empieza por la gente. ¿Y como llegar a la gente? Con las personas que influyen. ¿Una campaña publicitaria puede iniciar el cambio? Levemente, pues ¿qué mejor campaña publicitaria que nuestro propio ejemplo? Ustedes en un futuro van a influir, a pocas o a muchas personas. Y serán como un témpano de hielo en la cima de una montaña. El témpano se derrite… y el agua baja a los valles y se mete a los río y sigue bajando. Tú tienes un Perú dentro por desarrollar, tú eres ese témpano.

¿Y como ser un buen témpano?

Habrá que ser témpano de agua limpia. El vivir las virtudes humanas nos ayudan a largo plazo a sacar el país adelante, pues un peruano más viviendo correctamente hace la diferencia. Si tú vas a una tienda y te tratan bien, te das cuenta en el momento y de vez en cuando lo recuerdas alegremente. Si haces eso con otra persona, espera más haber dejado alguna pequeña huella en ella.

También se limpia el agua obedeciendo. Cito a san Josemaría, quien supo muy bien obedecer: Obedecer dócilmente. Pero con inteligencia, con amor y sentido de responsabilidad, que nada tiene que ver con juzgar a quien gobierna. La gente mayor sabe más que tú. Al policía, al profesor, a tu mama, a la Iglesia, pues Dios es infinitamente sabio. Si no obedeces y quieres que el Perú salga adelante es falta de coherencia. Entre todos los bienes que aportas al obedecer, está el crecer en amor a la Patria, y por consiguiente al tu colegio, en un futuro tu universidad, tu lugar de trabajo, etc. Y dando ejemplo en esos ambientes es como, de a poquitos, el Perú saldrá adelante.

Te animo a que revises su actitud. La persona que deja una lata de cerveza en el suelo, ¿quiere al Perú? El amor se alimenta con detalles pequeños. La disposición, importantísima para que el témpano lleve buenas aguas. No siempre vas a hacer lo que te gusta. Dicen ahí ‘date un gusto’. Yo les digo ‘date un gusto menos’.

No caigan en la idea que el futuro está en manos de otras personas y no en las suyas, en la trampa de que ustedes no son témpanos. Esto nos lo vienen repitiendo desde que tenemos uso de razón, pero no hay que acostumbrarnos a esas frases que tanto oímos, frases sabias que sólo un necio las obviaría a propósito. No digo que las futuras alcaldesas estén acá, pero sí digo que, aunque les suene irreal, serán témpanos. Todas influyen en algo a alguien, no tengo que ser periodista, político o actriz para influir.

Aparte de nuestro buen ejemplo en todo momento sin caretas ni doblez, ahí un punto en el que es necesario recalcar si se quiere recortar el plazo para el cambio. La educación. Y no solo estatal, también privada. Nidos, colegios, universidades, etc. ¿Dónde están los témpanos? Aparte de los alumnos ejemplares, están lo profesores, que te pueden convertir en un marxista como te pueden convertir en una mujer de ejemplo, pueden limpiar esas aguas. No sé si de acá saldrán intelectuales o catedráticos, pero es bueno tener claro que un buen catedrático jala al buen ejemplo a la mayoría de sus alumnos.
No serás catedrática, pero tendrás roces con personas que sufren de ignorancia inocente o ignorancia necia. Es ahí donde todos estos años que pasamos en nuestro colegio, que deberíamos de agradecer a Dios por estar acá, y quien tenga oídos, que oiga, deje los engreimientos y abra los ojos, se pondrán en práctica, y si no los pones, no importa! No te has dado cuenta, pero los has puesto indirectamente, pues habrás sabido ser témpano. Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Ayudarnos entre nosotras a desterrar esas ignorancias es limpiar el agua del témpano de hielo que somos.

No quiero que seas témpano de agua sucia. El Perú no estará bien cuando sea una potencia, su gente sea con lo que torcidamente se le llama moderna y contemporánea a las demás cuidadas importantes… y sus leyes sean antinaturales.
Te entiendo ir a vivir a otro país, estudiar en otro lugar, pero cambiar tu nacionalidad es cambiar faisán por gallina flaca. Al Perú, yo no lo cambio por nada: sus platos, la forma de hablar de las personas, su calidez, que se trasmite hasta en las comidas. Hay que admitir que el peruano es creativo, inteligente, de ideas muy ingenuas ¿En qué lugar del mundo barren las calles con hojas de palmera? No me daría vergüenza que lo pasen por la televisión. Son cosas pequeñas pero grandes a la vez que no todos los países tienen. Aprendamos de esas personas que han nacido en provincia y son felicísimas de decir de donde son, pues están orgullosas del lugar donde nacieron. De modo que, si un día estás en otro país, espero estés dando ejemplo y orgullosa de decir ‘soy peruana’ cuando te lo pregunten, aunque te miren con aires de desconfianza.
Ya sabrás el resultado del témpano de agua limpia ya derretido y discurriendo por entre las montañas: la tierra empapada de esa agua hará que todos, en conjunto, saquemos al país adelante.


Siempre toma en cuenta que eres y serás témpano de hielo en todo momento. Y encomendarnos siempre a la Virgen, para que seamos témpanos de agua limpísima como ella es y para que el Perú salga adelante y sea un témpano de agua limpísima para el mundo.

6 de febrero de 2007

TOK: La razón y la imaginación en la vida del hombre - por dónde?!

Engordo el blog con un trabajillo hecho para el curso de Teoría del Conocimiento. El tema es medio elevado pero con algo se tiene que empezar a subir el nivel, no? Mucha tele estás viendo, hijita. No, aún no sé cómo usar pies de página en Blogger =P
***

He observado que es opinión de muchas personas que la imaginación es cosa de niños, locos, inventores de máquinas raras o mentores de cuentos empalagosos. No se habla mucho de la imaginación. Es vista como infantiloide, de bebe, propia de personas inmaduras que tal vez están encerradas en su propia niñez ya transcurrida. Se le ve casi inútil, como si la persona humana, alcanzada ya una cierta edad, la deseche como quien deja de usar pañales o de jugar con carritos y muñecas. En contraste, es corriente ver cómo se impone la grandiosa razón, planteada como propiedad privada de personas inteligentes, independientes y autónomas, casi exitosas; es decir, los adultos. Desgraciadamente, ésta clase de opiniones es lo que hace dejar mal a la imaginación y triunfante a la razón. Lamento tener que comunicar a las personas que piensan de ésta manera que la razón no es propia de nadie; no toca la puerta de tu casa la mañana de tu cumpleaños número dieciocho, no está incluido en el pequeño paquetito de folletos que mandan las universidades al flamante ingresado, ni menos en el primer cajón de tu escritorio en tu primer trabajo. Asimismo, la imaginación no está mal ubicada si está en manos de un caballero que pasa los cuarenta años. La imaginación y la razón forman parte de nuestra vida cotidiana y no podemos mutilar sus funciones con vanas falacias. Cuando hay apagón y no tenemos a la mano alguna lámpara de querosene para ayudarse, ¿no vamos acaso tanteando los muebles al caminar? Al llegar a un escritorio y palpar el borde y las manijas de los cajones, ¿no nos pasa por la cabeza las posibles cosas que puede ser lo que estamos tocando? ¿Acaso no se aparece la imaginación, asistida por la memoria, haciendo un recuento de todas las cosas tangibles que tienen ese parecido, intercalando tal vez alguna memoria pasada? Entonces, ¿no está acaso la imaginación trabajando de la mano del conocimiento? ¿No le ayuda la razón para discernir entre las alternativas que plantea la imaginación para dar con la más cercana a la correcta? La imaginación no hace cambio de posta con la razón a una determinada edad. La imaginación (puesta bajo control, ya que suelta es un asalto a mano armada) asiste a la razón y son recíprocamente necesarias. Socorridas por el conocimiento ya existente, son un gran instrumento para conocer. Cumplen funciones desde el área de las artes hasta las del comportamiento humano a través de la misma ética y moral. Buscaré fijar en estas líneas algunos rasgos y funciones para dejar a grosso modo la importancia de la imaginación y del trabajo conjunto con la razón.

Para hacernos una idea, empecemos desde el principio de todo. La imaginación “es una función que tiene como objeto el fantasma, o imagen sensible. Consiste en re-presentarse un objeto conocido primeramente por los sentidos externos, dando lugar a la imagen o fantasma (…) La imagen no es la presentación, si no la re-presentación de la realidad, en ausencia de ésta”[1]. Se muestra claramente cómo la imaginación no es el derroche de ideas ridículas dichas por un niño que ve demasiada televisión.

Hay quienes dicen que en la cabeza se retiene sólo lo malo y desagradable. Pero lo que no es discutible es que la imaginación cumple un papel fundamental en nuestras vidas, tan importante que contrasta lo desgraciadamente sencillo que puede ser perturbarla o deformarla: “Nuestra imaginación y nuestros sueños no sólo se nutren de lo que nos ha sucedido en la vida real, sino que se alimentan en buena medida de lo que hemos visto en las películas. A menudo, la representación del mundo y de los acontecimientos que ofrecen los mass-media impregna la conciencia más fuertemente que la propia experiencia de la realidad.”[2]. La imaginación, entonces, se define también como un almacén de experiencias vistas o vividas. Dicho almacén, como hemos mencionado antes, es frecuentado muchas veces durante el día. Un pequeño problema puede ser el no regular qué introducimos en dicho almacén. Yo puedo cuidar qué retirar de mi almacén, como también podría cuidar qué se incorpora en él. Ambas son tareas difíciles pero necesarias si es que se quiere sacar un buen uso de la imaginación. Ésta puede trabajar al 100% pero tal vez el uso desmesurado de ésta (tanto retirar como incorporar) puede alterar otras funciones (léase: distracciones vanas, disparatadas y alarmantemente frecuentes). De esta idea se desglosa el hecho de que la razón coopera en este discernir qué retiro y qué no incorporo: es el encargado de ‘pasar la página’.

La razón “es la operación de la inteligencia que se realiza teniendo como base a los juicios, los cuales conforman las premisas. Por medio del razonamiento se ponen en relación los juicios”[3]. La razón, por esa interrelación de juicios, está presente en todas y cada una de las áreas del conocimiento que el hombre pueda llevar a cabo. La razón es una de las características más importantes de la inteligencia humana, haciéndola única entre las demás creaciones e irrepetible entre los de su misma especie. Pero, al igual que toda función humana, la razón no puede estar sin asistencia de otra facultad que le complemente el camino para llegar a la razón de ser. “Movido por el deseo de descubrir la verdad última sobre la existencia, el hombre trata de adquirir los conocimientos universales que le permiten comprenderse mejor y progresar en la realización de sí mismo. Los conocimientos fundamentales derivan del asombro suscitado en él por la contemplación de la creación: el ser humano se sorprende al descubrirse inmerso en el mundo, en relación con sus semejantes con los cuales comparte el destino. De aquí arranca el camino que lo llevará al descubrimiento de horizontes de conocimientos siempre nuevos"[4]. La persona humana, creada para conocer la Verdad que es Dios, no puede prescindir de las verdades universales que le influyen y que pueden ser vislumbradas a media luz por la razón. “La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad”[5]. La razón sola puede intuir un esbozo de la realidad sobrenatural. Es ahí donde viene socorrida por la fe.

Siendo entonces la razón base no sólo de la ciencia sino hasta de cualquier simple trabajo manual[6], ésta es, entonces, pieza medular del estandarte de donde penden las áreas del conocimiento que maneja el hombre. El pensamiento racional es imprescindible, pero no puede andar solo pues aquello sería cometer un error de autosuficiencia. El resultado de aquel “pienso, luego existo” habla por sí solo. De la mano de muchas otras funciones y virtudes, forja al hombre a ser mejor persona y a vivir en concordia con la dignidad que se la ha sido concedida. Qué bien, pero, a la razón ¿quién la controla? La fuerza de voluntad. La voluntad está atrás de todo, tras bambalinas. Es la que hace que todo avance y que no se quede en la mera buena intención.

Una imaginación sin razón de por medio es un balazo al aire. Una imaginación a rienda suelta trae un sinfín de problemas para la persona, desde un pobre desempeño intelectual hasta la propia vida moral. Por otro lado, una razón sin imaginación es algo un poco aburrido. Hasta en el campo técnico-industrial se trasluce cómo la creatividad y al funcionalidad al diseñar y crear un producto logran una unión perfecta, reflejo de las capacidades del hombre.

Creo haber dejado claro ya el porqué la importancia de la imaginación y su destacado trabajo conjunto con la razón y las demás funciones humanas. La imaginación, presente en todo momento, es un arma de doble filo; una función fundamental para el desarrollo de las facultades humanas. Socorrida por la razón, la imaginación deja de ser juego de niños. Es pieza clave en el desempeño de muchas actividades humanas. Por ende, se le debe de dar la importancia que merece y educarla, en vez de verla como una ridiculez o usarla como vago entretenimiento; Ese respetar y educar comprende dejar de considerarla como propiedad exclusiva de los niños. Comprende la madurez de tomar la decisión de conocerse y, por ende, darle a la imaginación -y, de paso, a la razón- el sitio que le corresponde y que se merece. Comprende ser conciente del arma de doble filo que es. Comprende hacer conciencia y someterla bajo el control de la voluntad que todos tenemos. Igualmente con la razón. Se debe desmitificar un poco a la oh grandiosa razón. Sin bajarla más allá de su naturaleza, se debe buscar desinflar la imagen que tiene y poner su participación en el lugar correspondiente: la razón del hombre no es suficiente para explicar muchas de las realidades que nos rodean; por ende, el hombre debe moderar su uso cuando se roza el límite de la razón y se empieza a lucir la fe. Es un ‘hasta aquí nomás’ al que nosotros soberbios de vez en cuando pensamos evadir, tal vez inconcientes de que hacer caminar a la razón en la oscuridad puede causarnos tropiezos - o provocarlos en muchas otras personas.

_______________
[1] G. CASTILLO CÓRDOVA, Apuntes de Antropología Filosófica. UDEP 1996
[2] CAPELLANIA INFORMA, Pornografía y erotismo. Piura, diciembre de 2003. (Jaime Nubiola, UNAV)
[3] G. CASTILLO CÓRDOVA, o. c.
[4] JUAN PABLO II, Fides et Ratio, n. 4.
[5] ÍDEM, o. c., Introducción.
[6] Cfr. M. CERVANTES SAAVEDRA, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, capítulos XXXVII y XXXVIII

4 de febrero de 2007

Hamlet es usado aquí como conejillo de indias

No me maten, markhamians.

Bien. A nadie le gusta ver un blog vacío así que me veo en la obligación de copypastear un trabajo escolar, para ver cómo se ve lleno el blog <.<;; bueno, al menos no lo perderé en la mudanza. Pego el ensayo que hice de Hamlet en 5to de media, 2006 (qué vieja!). Pronto pegaré el de TOK. Digo, para que el blog aparente contundencia.
EDIT: ok, este ensayo quedó segundo puesto en categoría 5to de media en juegos florales de ADECOPA 2006. Gracias, joven, por hacerme ver ese detalle.

***

Acerca de Hamlet y su locura precisa

Cuando yo rondaba las últimas páginas de Hamlet, sospechaba que muchas de las personas que hayan leído la obra y que en ese momento no hayan poseído mucha capacidad de abstracción se quedaron dudando de la cordura del príncipe Hamlet. Tengo que admitir que a mí me pasó igual: me ví en la obligación de investigar unas cuantas fuentes para salir de la duda y ahora, confiando en lo que he leído, me atrevo a afirmar que Hamlet no estaba loco, sino que se hacia el loco intencionalmente. Hamlet se muestra irracional durante casi toda la obra. Bajo cualquier punto de vista, esto era fundamental tanto para el discurrir de la trama de la obra de Shakespeare como también para disfrutarla.

La locura del príncipe empieza a notarse ya desde los inicios de la obra, cuando una nerviosa y confundida Ofelia corre y narra a su padre Polonio el pequeño incidente que acababa de tener con un Hamlet fuera de sí. Ambos, aunque no sabían que Hamlet había visto al presunto fantasma de su padre revelando funestos detalles de su muerte y pidiendo venganza, se unen a las sospechas inmediatas del lector: la muerte de su padre debe de ser la causa de su extraño comportamiento. Este extraño comportamiento era intencional: Hamlet se empieza a mostrar orate a propósito con todas las personas con las que se cruza, comenzando a confundir y hasta a preocupar a las personas que le rodeaban. Ésta es la forma que él idea rápidamente para protegerse de los demás: Hamlet, luego de la conversación sostenida con el espectro de su padre, forja una especie de caparazón que le servía para hacerse pasar por indefenso y hacerles pensar a los reyes que él no sospechaba ni un ápice de la verdad acerca del asesinato de Hamlet padre; al mismo tiempo, refugiado en este escudo, maquina cómo cumplir el encargo recibido y llevar acabo la ansiada venganza; y esto así aunque Hamlet haya dudado si en verdad ese espectro se trataba de su padre. Los reyes al inicio pensaban que la locura se debía a un amor no correspondido por Ofelia - estaban lejos de dar con la verdad de los hechos. Completamente despistados. A primera vista, el lector promedio no cae en esta conclusión.

Un detalle que sostiene la idea de la locura intencional del príncipe es que éste sólo se muestra en sano juicio cuando desarrolla soliloquios o conversa con Horacio, fiel compañero suyo, casi cómplice en la búsqueda de la venganza de su padre. Luego, Hamlet se comporta casi como un niño ante los demás: bromea con la avanzada edad de Polonio, declama incoherencias y realiza cosas sin sentido. Si durante los monólogos Hamlet se hubiera mostrado poco racional, sí habría entonces razones fuertes para cuestionar la cordura del príncipe. Los monólogos reflejan el verdadero estado de Hamlet: refleja lo que verdaderamente carga dentro de sí: sus dudas, indecisiones y preocupaciones, que luego las comparte con Horacio. Las conversaciones con Ofelia, las actitudes frente a los reyes, ante Rosencrantz y Guildenstern, no son de un príncipe de treinta años, sino de un niño que busca entretenerse un rato.

Pero son los espectadores en sus butacas y los lectores con el libro entre sus manos los que se entretienen con los arrebatos de locura hamletiana que aderezan el amargo drama que transcurre ante sus ojos, rompiendo la línea trágica de la obra y brindando respiros a la trama. La cruda escena de un Hamlet haciendo ver a su madre los fatales errores que había cometido, escena entramada con la aparición del fantasma de Hamlet padre, es desconcertantemente contrastada por el súbito asesinato de Polonio. Luego de accidentalmente matar al colaborador más cercano de su tío, Hamlet se lleva el cadáver de Polonio, arrastrándolo por el suelo como una niña que arrastra alguna de sus muñecas por el suelo. ¿Y dónde quedó el cadáver? Hamlet responde: “En el cielo. Mandad que le busquen. Si allí no le encuentra el mensajero, buscadle vos mismo en el otro sitio. Si no le encontráis de aquí a un mes, os llegará el olor al subir a la galería (…) Os estará esperando”. Cara al público, estos rasgos de locura suavizan, contrastan, confunden y a la vez añaden una ligera veta de humor de desconcierto en algunos momentos fuertes de la obra. Luego de la escenificación de “La Ratonera”, momento álgido del peso de conciencia del rey Claudio, Hamlet se muestra juguetón con Guildenstern, quien busca sonsacar el porqué de la locura de su supuesto amigo. Hamlet dialoga de manera infantil con Guildenstern hasta que, impaciente, el príncipe deja ver un poco de su real cordura al comparase con una flauta: “Vaya, mira en qué poco me tienes. Quieres hacerme sonar, parece que conoces mis registros, quieres arrancarme el corazón de mi secreto, quieres tantearme en toda la extensión de mi voz (…) ¡Voto a...! ¿Crees que yo soy más fácil de tocar que esta flauta? Ponedme el nombre de cualquier instrumento; aunque me destempléis, no soltaré nota.”.

Este Hamlet loco refleja muchos de los aspectos de su gran personalidad. A primera vista, se le ve una persona muy culta, muy leída, amante de las letras y, sobre todo, del drama teatral; en sus monólogos y conversaciones se ven muchas citas fluidas a los clásicos. A la vez, tiene una desbordante creatividad: es incomparablemente ocurrente, de una inteligencia muy aguda. De la mano de su cultura de letras, Hamlet combina su ingenio y lo aplica a ese juego locura-cordura, miembro fundamental para proceder con la venganza encargada por su padre. Junto con todo esto, resalta el ingenio que mostró al idear la máscara de locura para protegerse y esconderse. Perfecta mezcla de cultura-creatividad-ingenio, que son la sal y la pimienta del amargo drama de Shakespeare.

Con su estrategia locura-cordura, Hamlet, al usar este juego de sinrazones, logró el objetivo que buscaba: desconcertó a todos - tanto personajes como lectores y espectadores. Consiguió despistar a los reyes con su locura, haciéndoles caer en el preocuparse por su salud mental en vez de indagar cuánto sabía el príncipe acerca de la muerte del rey Hamlet; llega a averiguar y desgranar la verdad acerca del asesinato de su padre sin que otros se den cuenta; descubre, escondido tras su caparazón, qué tan fieles le eran Rosencrantz y Guildenstern. Se mostró ante la corte de Dinamarca como un loco indefenso, casi infantiloide. Pudo con este refugio durante todo el transcurrir de la obra, sin importarle que a la mitad de la obra el rey Claudio ya comenzara a preocuparse por qué tanto sabía su sobrino acerca del envenenamiento del monarca. Todo esto mantuvo al lector y al espectador cerca de la obra; la presencia de la locura del príncipe es crucial para su interés en ella; las vetas de humor, elementales - marcan la diferencia si se comparan contra una tragedia griega; son la prueba de la incomparable genialidad y originalidad de Shakespeare, quien se volcó tanto en el personaje del príncipe Hamlet que se podría afirmar que éste y Shakespeare son dos caras de una misma moneda. La aparente locura del príncipe fue precisa ante todos los puntos de vista, tanto de situación como de calidad literaria. La locura tenía, por ambos lados, una finalidad: vengar al rey y lograr una trama que atrape al lector. Lo consiguieron.